jueves, 13 de agosto de 2009

La lírica medieval: Características del tema amoroso y la naturaleza.


Algunas de las principales características de las composiciones poéticas del período medieval son la sencillez y la delicadeza, las cuales, van estrechamente ligadas al tema del amor cortesano y al sentimiento del hombre frente a la naturaleza y, por ende, a su relación con Dios como ser creador de la armonía universal. La simpleza de la poesía se debe a que el arte en la edad media no significa más de lo que dice o simplemente no tiene significación alguna. Como plantea Edgar de Bruyne en La Estética de la Edad Media, vemos que el artista crea a imagen de Dios, Dios es potencia, sabiduría y, el hombre en todo lo que hace imita a la naturaleza, puesto que ha descubierto el arte en relación con las ideas eternas que se reflejan en la naturaleza de las cosas. El poema ideal es el que resulta agradable y útil, pero útil por su contenido verídico y su forma armoniosa, aunque cabe destacar, que se prefiere la verdad del contenido al encanto artificial de la forma, una belleza sencilla se impone por sí misma, se pretende instruir y conmover con la poesía, de ésta forma, podemos explicar su sencillez.
El poema “Amor Eterno” del señor de Kurenberg dice así: “Tú, la más hermosa entre las mujeres, ven ahora conmigo/ amor y dolor, los compartiré contigo/mientras tenga vida, tú serás mi amor/ aunque ames a un villano, no por eso renunciaré a ti”. Aquí podemos ver como un amante debe ser veraz y modesto, limpio en su discurso y dedicado a una sola amada, a la dama se le concede la libertad para rechazar o aceptar a un amante. En el poema “temor” de Heinrich Von Beldete podemos apreciar como el amante trata con suma delicadeza a su amada y siente temor de decir algo que pudiera dañarla: “que Dios le inspire su ánimo/ para que lo tome a bien/ pues quisiera evitar/ decirle algo que le duela/ y me separe siempre de ella/me atan con mucha fuerza los juramentos/ tanto de amor como de fidelidad/ por eso les tengo miedo como el niño a la férula.” Característica del amor cortesano es la humildad, el amante se muestra siempre servil, es fiel y obediente a los caprichos de su amada, en este sentido podríamos comparar la servidumbre del amor con la servidumbre del vasallo a su señor feudal. El amor es descrito como una emoción trágica y casi sin esperanza, pero lo que salva de la desesperación es su fe en el Dios del amor que nunca traiciona.
Así como el amor incondicional a una dama, también podemos encontrarnos en la lírica medieval con el dolor por la perdida de un amigo:“Altas olas que venís por el mar / que el viento hace ir y venir por allá / ¿podéis darme noticias de mi amigo/que pasó al otro lado?¡ no lo veo volver ¡/ ay Dios el amor/ahora me da alegría, ahora dolor...” En esta estrofa de “Altas olas que venís por el mar” de Raimbaut de Vaqueiras podemos observar como el poeta le canta con gran sensibilidad a la naturaleza. Una de las emociones más terrenas que se siente en el medioevo es el amor del hombre por el hombre, el mutuo amor de los guerreros que mueren unidos en la lucha contra la adversidad y el afecto entre vasallo y señor. Este dolor se reitera bastante en la antología de los poemas que hemos leido. En este tercer ítem del taller hemos abordado brevemente, el tema del amor a la dama, el dolor por la pérdida de un amigo, nos queda aún por acotar el papel de la naturaleza en la lírica medieval. En el texto Conquistar o Convivir de Teresa K. Zatzschneider, se plantea que no existe en el pensamiento medieval una concepción estable con respecto a la relación del hombre con la naturaleza, dentro de dos tendencias puede que el hombre viera a la naturaleza como un medio para llegar hacia Dios, o como una fuente material de suministro, en lo personal, nos inclinamos más por la primera visión, en la cual, la naturaleza es espejo de la voluntad divina y se convierte en objeto de culto para el creyente, y en este sentido es que explicamos la presencia de la naturaleza en la poesía, el hombre canta al amor y a la naturaleza, ya que, esta es parte de la armonía universal creada por Dios y de alguna forma, ésta le permite acercarse a la vivencia mística. En un poema de Hibn Hazm vemos reflejada la postura del hombre frente a Dios y la naturaleza. “Alejado está dicen: pero no importa/porque vivimos en el mismo tiempo ineludible/ el sol brilla por encima de ambos...” Aquí vemos como el hombre no se ve tan lejos de Dios, sino que solo los separa un viaje de larga distancia, ya que, esta vida es un peregrinar hacia la otra que es su fin. El hombre no necesita más que la sabiduría divina para existir con su aliento siempre esperanzador. Para concluir vemos como en el poema” cuando las flores brotan entre la hierba” de Walther Von Der Vogelweide se relacionan la naturaleza y, en especial la primavera, con el surgimiento del amor: "Cuando las flores brotan entre la hierba/ casi riendo ante el brillante sol” etc... La alegría y belleza de la fiesta de mayo, al llegar la primavera, se compara sólo con la belleza de una gentil dama, podríamos deducir que la naturaleza es medio y fuente de expresión de amor que apunta hacia el ideal de una dama comparado al ideal de la belleza divina.
Por último, destacar el tema del amor visto como un amor a la distancia de una dama a la cual hay que respetar y la simplicidad de las imágenes extraídas de la naturaleza que nos hacen recordar un poco al paraíso en cuanto a la belleza y perfección que impera. También hay un enlace entre el amor y la naturaleza en el sentido de que a través de imágenes de la naturaleza el hombre le da cuerpo a lo que siente. El amor a la distancia, la amistad y la nostalgia son temas importantes en la lírica medieval.

El Misterio de Adán (Obra siglo XII)



En la obra de teatro El Misterio de Adán se nos revela toda una cosmovisión y un sentir del hombre del medioevo en el mundo, así como su relación con la divinidad ¿De qué manera esto se hace patente en la obra?.
En una primera instancia es preciso considerar que en esta obra del siglo XII descansa un profundo sentimiento religioso, pero el tema o asunto ya no aparece centrado en el amor o en hechos heroicos de antiguos cruzados, sino en una representación del principal drama del hombre cristiano que está vinculado con el Pecado y la Redención.
El Misterio de Adán es una obra dramática que se sumerge al interior de la religión y nos revela un sentir y un pensar propio de una época en que surge una preocupación del hombre por encontrar un sentido de trascendencia y de poder superar los límites que la materia impone a aquellos que desean encontrar una vida más ascética y más acorde con la ética cristiana. En este sentido, la tradición hebraica antiguo testamentaria no sólo guarda una importancia en el libro del génesis o en los profetas, sino que ejerce también una influencia directa sobre ciertas concepciones de cristiandad y del Imperio durante la Edad Media.
Dios, como lo expresa la Sagrada Escritura, condena a toda la humanidad por la traición y la desobediencia de Adán y Eva, lo que va a generar un absoluto desprecio de parte de generaciones posteriores, hacia los temibles afanes del hombre. “Querer ser como dios” el tema de la soberbia de Caín y el fratricidio contra Abel. En la Edad Media este episodio de la vida del hombre sobre la tierra, no era sólo un tema sacro, que meramente se usaba para ser expuesto en los actos litúrgicos, sino que significaba la adquisición de una conciencia del hombre, es decir, de la evolución espiritual del hombre que comprende y conoce que cada acto que se cometa va a generar en un momento dado consecuencias. Ahora, la forma en que se va a expresar este sentir va a ser de una manera distinta, pues no estamos hablando de épica o de lírica, sino de una forma distinta, el Teatro cuya función esencial es la de apelar hacia un público de manera indirecta, mediante el diálogo entre personajes. Sin duda, una estrategia moralizante y aleccionadora que impulsa y guía a los hombres a recordar el poder de Dios y los peligros a los que se expone quien quiera intentar superar su Poder.

“Diablo: Ahora quiero descubrirte el gran engaño de que sois víctimas en este jardín. Los frutos que Dios os ha dado no tienen ningún valor, en cambio el que os ha prohibido tiene gran virtud, en él está la gracia de la vida, de todo poder y de todo señorío, de toda ciencia y del bien y el mal.”( Guglielmi, Nilda, El Teatro Medieval, Pág. 124).

En las instituciones de la sociedad medieval (Iglesia, Imperio, Feudo) todo poder proviene de Dios y de Él viene el principio de todo poder. En efecto, según el derecho de naturaleza, el hombre mismo carece de autoridad sobre otro hombre. Estas dos premisas son de un profundo peso en los dos primeros actos de la obra. El primer acto nos revela a Dios, el Edén, Adán, Eva, el diablo, El Pecado, La condena y expulsión del paraíso. El segundo acto, otro episodio que toma otra traición del hombre hacia su Señor, Caín que mata por celos a su hermano Abel. El tercer acto y final aparecen los antiguos profetas hebreos que hablan de la venida del Hijo de Dios, Cristo, que limpiará con su propia sangre a todos los hombres de sus pecados.
Posiblemente en la obra de San Agustín (354- 430) La ciudad de Dios aparecería una imagen análoga de lo que se pretende mostrar en la obra de Teatro. San Agustín nos muestra la imagen de dos ciudades: una ciudad terrena: Caín, simbolizada por el amor propio hasta menospreciar a Dios y una ciudad celestial: Abel, el amor a Dios hasta llegar al desprecio de sí mismo, ideal que descansaba en Jerusalén antes de la llegada de Cristo. Ambas ciudades han existido siempre, una al lado de otra, pero sólo Dios puede reconocer la ciudad a la que cada cual pertenece en realidad, ya que la mirada del hombre no basta para discernirlo. El Misterio de Adán nos presenta dos instancias en que el hombre ha incurrido en pecado, en error (ciudad terrenal), pero a la vez nos muestra la otra cara la de los profetas (ciudad de Dios), que revelan la posibilidad que hay en Cristo de que la humanidad se libere del peso de sus errores contra la Providencia. Los profetas hebreos anuncian la venida del Salvador.
La relación del hombre con la divinidad es la de un ser frente a un Dios omnipotente, con un fuerte carácter inquisidor. El hombre se encuentra indefenso ante un Dios que todo lo sabe y que todo lo puede. Esto es relevante porque esa visión es muy distinta de la actual visión de Dios, un Dios de reconciliación. Las obras se destacan por el carácter didáctico y moralizante, donde el gesto de “hacer imágenes” sobre lo abstracto conduce a la masificación de los principios evangelizadores. En este sentido, vemos una simpleza y literalidad en la obra que nos ayuda a pensar que su llegada debe ser a todo tipo de público y no sólo a la gente más culta.

Lo maravilloso en El Cantar de Roldán y en El Cantar de los Nibelungos
(2001)
Lo maravilloso en el Cantar de Roldán se refleja en tres áreas. En primer lugar, en la descripción de los personajes. En segundo lugar, en la descripción de los eventos, específicamente en las batallas y, por último, en la constante alusión a Dios y a los ángeles que intervienen de manera importante en el transcurso de los eventos. Revisaremos cada una de éstas áreas para analizar de qué manera lo maravilloso está determinado por la época.
Carlos es visto como una figura casi mítica, a la cual se le otorgan características maravillosas y fuera de lo común. Por ejemplo, se dice que vivió más de doscientos años y se destacan sus cualidades de guerrero: “¡Cuánta tierra tomó en su larga vida!/ ¡Qué de golpes sufrió de agudas lanzas!/ ¡A cuánto rey dio muerte en cruda liza!/ ¿Cuándo de guerrear se habrá cansado?”. Es preciso recordar que en la Edad Media el rey es visto como el depositario del poder de Dios, por lo tanto es una figura admirada y respetada por todos. La barba florida que posee Carlos, también lo distingue y es símbolo de sabiduría. En cuanto a Roldán, éste también es una figura mítica, un guerrero excepcional: “... mi cuerno pidió jamás socorro contra el pagano./ Libre yo a los míos de afrenta/ En el combate sanguinoso daré mil setecientos rudos golpes:/ con la sangre veréis mi acero rojo”. La superioridad y valentía de Roldán son evidentes. Además, Roldán encarna el ideal del buen vasallo, aquel que le es fiel a su señor del cielo y a su señor de la tierra, el rey. Esto es propio de la época.
En relación a la descripción de las batallas, vemos como en la obra todos los eventos y hazañas de los héroes se engrandecen: “Las huestes son inmensas, son osadas/ las columnas, combátense ya todas./ ¡A maravilla hieren los paganos!/ ¡Dios, qué de lanzas en dos trozos rotas!/ ¡Cuánto escudo y loriga piezas hechos!/ De muertos erizada vese toda/ la tierra, está la hierba de los campos/ suave y verde por la sangre roja”. La muerte de Roldán también es un buen ejemplo de exageración de lo maravilloso. Roldán está agónico y sin embargo, aún lucha para recobrar su espada: “Le asesta un golpe, que el acero hiende/ y la cabeza y los huesos del pagano/ le salta los dos ojos y potente/ a sus plantas sin vida lo derroca.” Antes de morir, Roldán decide acostarse en la hierba mirando hacia España para que cuando Carlos lo encuentre vea que murió enfrentando al enemigo. De esta forma, se agrandan los hechos y por consiguiente, se exaltan las características de los personajes.
Por último, la aparición de ángeles nos revela una cosmovisión muy arraigada en el Cristianismo. Constantemente se hace alusión a la ayuda que prestan los ángeles y a Dios: ”Dios manda a San Gabriel, con el encargo de que sirva de guarda al gran monarca./ Pasó toda la noche el ángel santo junto al rey/ y le predice una gran lid que librarán los francos.” Aquí se introduce también la idea de presagios a través de sueños. Es bastante cuestionable si los sueños representan un elemento pagano o más bien cristiano. Sólo Dios conoce el destino y sólo él puede revelarlo, como queda demostrado en la cita anterior. Sin embargo, Carlos tiene otros sueños bastante relevantes en los cuales no hay alusión a Dios, como por ejemplo el sueño del oso encadenado. Otro elemento maravilloso se da cuando Roldán recuerda como recibió su espada: “Bien lo recuerdo: Carlomagno estaba/ de Maurienne en los valles, cuando un ángel/ bajó del cielo, a quien su Dios mandara/ a un capitán donarte valeroso/ Fue entonces cuando el noble y gran monarca la ciño a mi costado.” Dios le mandó la espada a Roldán, lo cual es muy simbólico porque la espada representa la voluntad del hombre. De esta forma se entiende que Roldán defiende su espada, su honor, hasta el final. De acuerdo con la visión cristiana, la presencia del demonio también es relevante en cuanto se opone a la salvación de las personas: “Muere Marsilio de dolor. Como se encuentra bajo el peso del pecado/ los vivaces demonios de su alma se apoderan.” En contraposición a la condena eterna del alma, la muerte de Roldán simboliza la salvación: “Muere el conde Roldán, las palmas juntas./ Dios le manda un emisario y a los santos/ Rafael y Gabriel también con ellos/ San Miguel du Péril bajó de lo alto;/ entre todos el alma del buen conde/ al Paraíso llévanla sagrado.” Al finalizar la obra, San Gabriel se le aparece a Carlos y le ordena reunir a sus tropas para ir a luchar contra los paganos, Carlos obedece. Podemos destacar como la voluntad divina se impone sobre la humana y como las constantes apariciones de los ángeles determinan el obrar de los héroes. Es importante recordar la tremenda importancia de los ángeles en esta época pues vienen a llenar el vacío que dejo el politeísmo y a servir de intermediarios entre el hombre y Dios.
En cuanto al Cantar de los Nibelungos se pueden encontrar dos sucesos principalmente maravillosos: la capa mágica de Sigfrido y el sueño de Krimilda que interpretan la cosmovisión de la obra.
En el primer caso, la capa es un elemento mágico que le ayuda al héroe para conseguir un determinado objetivo, el hecho que utilice una treta de esta naturaleza está revelando que el héroe no es tan magnánimo y que no busca amparo de Dios para lograr la empresa que se ha propuesto y se deduce, consecuentemente, que hay una inclinación más pagana que sacra.
Por otra parte, en el caso del sueño de Krimilda se puede ver como se concibe un presagio que posteriormente se hará efectivo, pero lo curiosa resulta la reacción que tiene la muchacha cuando le anuncian su destino: ella se niega a llevar a cabo el presagio, no existe ya la obediencia que existía por el oráculo en el mundo griego, sino que existe una nueva postura humana de autonomía, de ser capaz de decidir su propia vida y asumir las consecuencias en el devenir. Se ve un mundo cíclico, en donde “como pecas, pagas” pues pareciese que pese a que los hombres conocen su destino y por tanto tienen la posibilidad de cambiarlo, sus limitaciones y defectos los llevan a reaccionar de manera que, nuevamente, desencadenan el dolor y terminan sufriendo sus acciones.
La inexistencia de la invocación divina se debe al hecho de que existe todo un mundo en este cantar que está conformándose, que se encuentra en búsqueda de una moral no instaurada. En esta cosmovisión no se vive por llegar al paraíso o a la vida eterna. Los asuntos humanos se arreglan en la tierra y la muerte se soporta, para lograr la venganza.

Estos hechos y acciones de los personajes nos llevan a la conclusión de que lo maravilloso es menos patente en el Cantar de los Nibelungos que en el de Roldán, quizás pensando en que este hombre Nibelungo sufre y no tiene mayores expectativas de superar su vida con la esperanza de una felicidad final y eterna, por ello un recurso maravilloso no es tan significativo en su vida o en su muerte como en el caso del contexto Francés. Si bien es cierto en ambos cantares las descripciones que involucran aspectos maravillosos impactan al lector, es importante resaltar que la visión cristiana de Roldán alude a la gran fuerza del cristianismo y de lo sacro propio de la cultura en la cual se desarrolla, mientras que los Nibelungos lo religioso no es tan importante. Si bien hay ciertas pistas que nos hacen pensar en la similitud de la debilidad de Sigfrido ( el hombro) con el mismo punto en que Cristo cargó su cruz; y estos detalles son seguramente los que han considerado ciertos autores del Cantar de los Nibelungos que tienen una inclinación sacra. Sería llegar a un tema complejo intentar siquiera, encontrar una inclinación de la divinidad, por eso es que podemos indicar que no hay una visión religiosa absolutamente arraigada y fuerte como la que existe en el Cantar de Roldán.

miércoles, 12 de agosto de 2009

La noche romántica de Caspar Friederich



“Dos hombres contemplando la luna”

Carolina San Martín Espinoza[i]

“Cierra tus ojos físicos para que veas primero tu cuadro con los ojos del espíritu.
Luego haz que parezca en el día lo que has visto en tu noche,
para que su acción se ejerza a su vez sobre otros seres,
del exterior hacia el interior”
Carus

La noche Romántica de Caspar D. Friedrich es el tema de este ensayo. Para esto he tomado una de sus obras que considero, refleja no sólo el temple del autor y su sentimiento respecto del hombre, sino que también el sentir y el pensar de toda una época: El Romanticismo, generalmente considerado como un movimiento artístico que correspondió a determinados años en el siglo XVIII, pero que en este ensayo es difícil considerarlo como un tiempo pasado, al contrario. No se trata de un período que terminó en un determinado año, sino que es aún más importante, un sentimiento que se encuentra eternamente presente en todos los hombres, en toda la historia humana.

El sentimiento trágico de estar arrojado al mundo, jamás se divorcia del hombre mismo. Sísifo, Edipo, el Quijote, Hamlet, etc. Son paradigmas de esta verdad, pero también Friedrich y Hölderlin. El romanticismo se manifiesta como una necesidad de rescatar o arrancarle al eterno infinito, una parte de la verdad que se encuentra vedada al hombre. Pero la interrogante es ¿Qué le vamos a arrancar al infinito? ¿Cómo y de qué forma lo cristalizaremos para dar testimonio a los demás hombres y escribir la historia de la que habló Hölderlin?. Veamos y exploremos en la obra de Friedrich “Dos hombres contemplando la luna” y en algunos versos románticos, qué respuestas podríamos encontrar.


La obra de Capar David Friederich “Dos hombres contemplando la luna” (1819), nos sitúa ante dos fisonomías que representan el maestro y el discípulo, en el momento contemplativo más vivo que se pueda imaginar. Dos hombres están detenidos en la ladera de una colina seca y escarpada, el más joven pone su mano derecha en el hombro del hombre más añoso. Mientras observan la luna ubicada en el centro del paisaje y enmarcada por una naturaleza agónica, marchita y triste, ninguno nos muestra su rostro. Se trata de un extraño deslumbramiento de un paisaje que es transfigurado por la luna.


En la obra de Friedrich existe una línea unitiva de un sentir y pensar romántico, esbozo de una meditación imperturbable y de búsqueda de una harmonía profunda con la naturaleza, con la naturaleza más íntima del hombre. Pero, de qué escisión con la naturaleza hablamos, cuando decimos que el hombre busca estar en harmonía con la naturaleza…es difícil saber. Al menos podemos tener una idea: la búsqueda de la soberanía y de las altas cumbres mueve al hombre a emprender en libertad, un camino distinto y ese camino ha alejado al hombre de su ser más profundo, de su naturaleza interior.

El mundo ya no da las respuestas, se ha perdido la inocencia (”los sueños de la razón producen monstruos”, como decía Goya) y cada quién, ha de dar testimonio de cada fragmento del infinito para que el hombre pueda saber lo que es.

Las pinturas de Friedrich evocan no sólo al solitario que siempre fue, sino que también hacia esta problemática del hombre y, consecuentemente, a la comprensión de la experiencia poética de la mayoría de los románticos que llevaron a su máxima plenitud el tema de la noche.

En su intento de irrumpir en el misterio de la noche, los poetas de entonces (Friederich, el poeta en cuanto creador) buscaban establecer un vínculo armónico con la naturaleza. Por ello desearon aniquilar todas las apariencias del mundo temporal y adentrarse, mediante la existencia inmediata hacia los espacios oscurecidos por tantas prisiones espirituales. En aquel tránsito, fueron aplicando nuevos significados a las revelaciones de las sensaciones y, fue así como la expresión artística se convirtió en una forma de conocimiento que relacionaba lo circundante con las desarraigadas vidas de los poetas.

En la Alemania del siglo XIX, Caspar Friedrich encaminó su vida en una búsqueda inspirada en encontrar el Ser. El cual era un camino que se revestía de una profunda sed mística, en que tras las revelaciones halladas en la noche, se descubre un diálogo permanente entre un mundo exterior y el interior del hombre, lo que lo motivó a seguir adentrándose en la aventura poética (poética en cuanto creador) en la relación existente entre el alma y el universo.

“Todo aquello que trabaja, crea, obra, sufre fermenta y germina en la noche de nuestro inconsciente, todo lo que se manifiesta, tanto en la vida de nuestro organismo como en las influencias que recibimos de las otras almas y del universo entero…, todo ello sube, con un acento muy peculiar, de la noche inconsciente a la luz de la vida consciente; y a esa melodía, a esa maravillosa confidencia del inconsciente al consciente, la llamamos sentimiento.” Carus[1]


La noche no es sólo el momento fructífero de la soledad en la naturaleza y en la cual se elevan hasta en corazón los recuerdos, sino que también, ella es la gran reveladora, la fuente escondida de los sentimientos y de las cosas que silenciosamente nos rodean. Si bien, en esta época el proceso del pensamiento y el reflexionar eran valorados por la mayoría de los artistas, el sentimiento era aquella potencia reveladora de algo superior que se encuentra muy arraigado al inconsciente y al sueño. Es, por el sentimiento, que el alma llega hasta las regiones profundas en que todas las almas entrelazan sus raíces y se encuentran en relación con una “unidad” común, como una suerte de inconsciente colectivo, que dialoga con todos los hombres en distintos períodos de tiempo.


“Nace y tiembla la brisa en las hojas más leves del boscaje.
¡Mírala! Y el fantasma de nuestro universo, la luna,
misteriosamente aparece. Y ya viene la Noche, la Ferviente,
engalanada de estrellas, indiferente a nuestra vida;
la dadora de prodigios, la extranjera entre los hombres
se levanta a aquellas cumbres, y en su fausto melancólico brilla.”
Hölderlin[2]

Durante la noche, bajo las pisadas de estos hombres exploradores con “una gran sed mística”, surge todo un universo de imágenes revestidas de significados que, al ser expresados poéticamente, dan testimonio del hombre, testimonio de lo que es, parafraseando a Hölderlin. No obstante, el lenguaje pictórico de Friedrich alcanza una dimensión distinta al de la poesía en cuanto forma escrita. Su forma de expresión poética apela a la vista y a la contemplación misma de la escena retratada y lleva al que mira hacia lo inefable.

Se obra y apela sobre los sentidos, para luego transmitir una verdad más profunda y eterna. Es decir, que ya no existen palabras que se puedan hilar mediante el pensamiento objetivo, pues es el sentimiento el que despierta el propio ser del hombre, lo libera, lo desenmascara y desnuda su corazón. Lo desnuda y lo deja trágicamente en la incertidumbre humana, en la encrucijada de la existencia y ante los muros de la fe.

La encrucijada humana se traduce en el sentimiento de haber llegado a destiempo. Los dioses se han ido y los que vendrán no han llegado todavía. ¿Qué ha pasado con los dioses de antaño que ya no están?, ¿Por qué hemos llegado demasiado tarde? Son quizás las interrogantes claves para entender la esencia nostálgica de la problemática del hombre romántico.

La luna, en la obra de Friederich, abre los ojos del hombre en sus profundidades y le descubre la vida secreta, en que el reino divino apenas ha dejado su destello en el ocaso. La sed mística y la nostalgia de la que hablábamos se expresa en la disociación del hombre incluso con la misma naturaleza, se ha ganado soberanía y libertad, pero el hombre ha roto la relación con la naturaleza. Hubo un tiempo en que los seres humanos se miraban cara a cara, pero esa relación se ha quebrado. ¿Las causas? Quizás la revolución copernicana, quizás la Reforma de 1649…quizás la escisión surgió en el propio ser humano sin una causa histórica que la justifique. El hombre es un náufrago en paraísos artificiales y la naturaleza muerta que vemos alrededor de los dos hombres que contemplan la luna es el templo de la soledad y el vacío, el espejo de lo que ocurre en el alma misma del artista.

“Todo cuanto existía, ya no existe. Lo que existirá, no existe aún. No busquéis en otras partes” Alfred de Mussette

En la obra de Friedrich se retrata al hombre solo frente al infinito, frente a su propia interioridad, aun cuando se está en compañía del otro, cada hombre lleva solo a cuestas su tragedia (su cruz). Sin embargo, en el instante contemplativo, hay algo más entre la iluminación exterior que proviene de la luna y el sentir interior del hombre. La luz mística de la luna no es sólo favorable a un momento de ensoñación, sino que permite a las cosas salir de su orden acostumbrado y reconstruirse según un orden o principio poético dispuesto en plena libertad por el artista, libertad que corresponde a la propia libertad del espíritu humano.

“Al contemplar la magnífica unidad de un paisaje de la naturaleza, el hombre se hace consciente de su propia pequeñez; y, al sentir que todo está en Dios, se pierde a su vez en ese infinito, renunciando en cierto modo a su existencia individual…Abismarse así no es perderse; es una ganancia, porque aquello que de ordinario sólo podemos ver por medio del espíritu, se hace casi accesible a los ojos físicos, los cuales se convencen de la unidad del Universo infinito.” Caspar D. Friedrich[3]

Esta pintura es profundamente infinita y abierta, abarca lo que va más allá del ojo del artista e invita a perder la mirada hacia lo lejos, donde se encuentra la luna simbólicamente justo en el centro. Ella lo ilumina todo con su luz espiritual y, como la poesía, establece un diálogo con los hombres, comunica o posibilita la conversación de los hombres con un ámbito superior. El poetizar la contemplación de la luna devuelve al hombre el reflejo de su propio ser interior, de su verdad más profunda y la verdad más profunda sólo se manifiesta en fragmentos, en breves instantes.

Es, en este instante, que la inocencia del poetizar, se vuelve peligrosa, pues el artista logra establecer un puente comunicativo del hombre con el fundamento de su propia existencia y la fundación del ser está vinculada a los dioses. La misión del artista reside, definitivamente, en captar esas señas de infinito captadas en su obra e intentar transmitirlas y construir “historia”, como diría Hölderlin:

“Por eso, porque es piadosa, honro a los celestes
por amor a la tranquila voz del pueblo,
pero por amor a los dioses y los hombres,
¡no descanse ella siempre demasiado a gusto! (IV, 141)

…y en verdad
buenas son las leyendas, pues son un recuerdo
hacia lo supremo, pero también eso requiere
uno que interprete lo sagrado.”(IV, 144)[4]

Este gesto particular nos habla de un sentimiento del artista romántico, que inquieto e insatisfecho, con una gran angustia interior por la pequeñez del ser humano en relación con la inmensidad, se encuentra siempre en búsqueda de sí mismo, atento, recordando el día que se fue y a la espera del amanecer que vendrá.

La noche del artista simboliza la historia del hombre que está entre el reino que se fue y el que vendrá. Vive en la espera del alba, pero aún mantiene grabados en su alma los signos sagrados que son revelados sólo en breves espacios de tiempo y cuya misión reside en dar testimonio de ello, de dialogar y hacer historia…

“Pero, lo que permanece lo fundan los poetas”
Hölderlin

En la noche, la luna ilumina al poeta, al hombre. Abre ante sus ojos, una parte de la “verdad” velada durante el día…pero existe lleno de inocencia y con el poder más peligroso: el lenguaje. La poesía, así como la luna, está en el centro del mundo y es el espacio de una tensión trágica, la tensión trágica de la que hablábamos al comienzo de nuestro ensayo: El espacio de disputa de dios y de los hombres.

La obra de Caspar David Friedrich: “Dos hombres contemplando la luna” nos ofrecen ese fragmento de infinito, que difícilmente podamos coincidir en su interpretación plena, pues lo inefable es más potente de lo que se piensa, pues depende de cada hombre el modo de cómo encuentre la verdad que se ofrece en breves instantes…depende de “cada quien” cómo poetice su vida, pues el habitar, el vivir en esta tierra es como decía Hölderlin, esencialmente poética.


Bibliografía

Beguin, André; Alma Romántica y sueño. Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

Heidegger, Martin; Interpretaciones sobre la poesía de Hölderlin, Barcelona: Ariel, 1983.
[1] Carus; Vorlesungen üben Psichologie (1931).
[2] Hölderlin; Poemas. Luis cérnuda, México 1942.
[3] En André Beguin; Alma Romántica y sueño. Fondo de Cultura Económica, México 1992 (Pág. 166)
[4] Martin Heidegger; Interpretaciones sobre la poesía de Hölderlin, Barcelona: Ariel 1983, Pág. 66
[i] Licenciada en Letras y Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica de Chile

Sobre educación




En búsqueda de los nuevos desafíos del enseñante


Uno de los mayores problemas que puede enfrentar un sistema educativo es la insistencia en la homogeneización en la enseñanza. Si bien es cierto, esta estrategia resulta ser mucho más cómoda, económica y rápida para el enseñante, en verdad, no sólo contiene enormes desventajas con respecto a la calidad de los conocimientos y valores entregados, sino que también, puede comprometer la capacidad de los estudiantes: a) para llegar a niveles mucho más profundos en su materia, b) para acercarse a las distintas fuentes de información, c) para emitir juicios coherentes y reflexivos con respecto al entorno y contexto de su materia y d) para comprender e integrar lo nuevo de una manera armónica.

La homogeneización en la enseñanza implica crear una abstracción general de los estudiantes como “grupo” sin considerar las diferencias que se establecen de persona a persona. Esta tendencia es esencialmente peligrosa, en primer lugar, porque anula la presencia del otro como un interlocutor, transformando al profesor en un ente “cerrado”, arbitrario y unilateral, privando a los estudiantes de la posibilidad de inquietarse, conmoverse o de disentir. En segundo lugar, no permite la aparición de una racionalidad distinta a la entregada ni una nueva interpretación o relectura de las materias, obstruyendo la capacidad de los estudiantes de descubrir nuevas ópticas, implicancias y posibilidades y, finalmente, no ayuda a que los “estudiantes” se motiven y se transformen ellos mismos en descubridores, críticos y gestores de su propio aprendizaje, es decir, se les deja sólo en su condición de alumnos (aquellos privados de luz), receptores pasivos, alejados de la posibilidad de establecer una retroalimentación constructiva en la sala de clases.

En esta instancia, resulta interesante considerar que el rol del “enseñante” radica en ser un elemento catalizador que propicia las transformaciones necesarias para que los alumnos puedan adquirir una mayor autonomía en la actividad de aprendizaje que realizan. Por otra parte, el enseñante debiera asumir una nueva postura frente a los contenidos que pretende entregar, no sólo dominando su materia, sino que también asumiendo una nueva actitud frente a las diferentes investigaciones y descubrimientos que se están abordando en clases, entregando las leyes generales de los procesos, sus fuentes y funcionamientos, orientando a los estudiantes en las estrategias de aprendizaje pertinentes, conforme a las distintas situaciones a los que se encuentran expuestos. Un enseñante co- gestor espera que los estudiantes puedan intervenir de una manera creativa y positiva en sus trabajos y los invita a manifestar sus propias visiones e interpretaciones de la realidad. Una actividad enfocada de esta manera crea una conexión más cercana, única y especial con los estudiantes, haciéndolos a ellos mismos partícipes de su propio aprendizaje y una mayor aplicación hacia temas, que de otra manera no le harían sentido.

En este contexto, el lenguaje se transforma en un factor transversal que incide en cualquier actividad de aprendizaje, debido a que es una práctica articuladora de realidades, de compromisos lingüístico- sociales y que en su esencia está el escuchar histórico que se le otorga al ser humano. El escuchar y el “enseñar a escuchar” se convierten en algo mucho más profundo. Las posibilidades se cierran o se abren, debido a que existen en el escuchar y ese escuchar no es algo objetivo, debido a que está cargado de un trasfondo o de una orientación básica de atención por el mundo y se manifiesta en el trato diario de persona a persona y cada actividad o expresión lo va a presuponer. Así, el escuchar más amplio se ubica en un trasfondo y el éxito va a radicar en que el orador pueda llegar a comprometerse con el oyente (estudiante) y pueda contar con él.

Por ejemplo, con el conflicto de medio oriente, el Presidente Bush ha emitido y sigue emitiendo una serie de juicios negativos que se agudizaron con el atentado a las torres gemelas: “Todos los árabes son conflictivos, todos son reaccionarios y todos son terroristas” y, por esto, a ellos se les restringe posibilidades. Al decir “tu cultura “es así”, tú perteneces a esa cultura, por lo tanto, tú eres así”, se está ejerciendo una acción invisible, pues se mira con naturalidad algo que no lo es y se puede alterar profundamente cualquier tipo de relación futura que pueda surgir. Por lo tanto si no llega a suceder un entendimiento entre los participantes de un determinado diálogo (tácito o explícito), puede ocurrir una desintegración o, como diría Winogrand y Flores (1999), un rompimiento que sería la pérdida de validez y confianza mutua para poder adquirir algún compromiso futuro. Las partes deslegitiman los canales y la comunicación se pierde. Lo mismo puede ocurrir en una sala de clases, si la enseñanza no llega a ser personalizada, si los enseñantes siguen viendo a los estudiantes como meras vasijas que hay que llenar o si los estudiantes no “sienten” que ellos son el objetivo mismo[1] del enseñante.

Por esto, un objetivo ineludible es el de des- homogeneizar la educación, a fin de llegar a establecer un compromiso mutuo, que involucre tanto al enseñante como al estudiante en un escuchar, no sólo de cada persona con su historia, emociones y sentimientos, sino que también un escuchar de posibilidades, en una atención del ser humano mismo, sin un fin ulterior que no sea la persona. Teniendo este principio como desafío para el enseñante y para el sistema es que se puede avanzar en la motivación y en la preocupación de los estudiantes por aprender y desarrollarse, no sólo en el ámbito cognitivo, sino que también en el ámbito afectivo y moral.
[1] o razón de ser.

Klingsor: La Piedra filosofal del período de entreguerras



En la obra de Volpi comienzan a aparecer ciertos aspectos que hablan de una relación o vinculación con la Leyenda de Pérceval[1] y su búsqueda por el Santo Grial correspondiente a la antigua tradición alemana. La incorporación de este tópico en la obra abre nuevas puertas de interpretación y de análisis en virtud de elementos simbólicos dispuestos al interior de la obra que traerían reminiscencias de aquellos antiguos caballeros (alquimistas) que buscaban el cáliz con que Cristo realizó la Última Cena y con el que José de Arimatea había recogido sangre del costado de Cristo. En el Grial estaría contenido el misterio de la humanidad: la Vida, Muerte y también la Resurrección.
En una primera instancia, Francis Bacon presenta en su trayectoria como personaje ciertas similitudes con el Pérceval de la leyenda. Desde niño Bacon sintió una fascinación especial hacia las matemáticas y la labor de los científicos, idealizaba el mundo en que los números, paralelamente a los seres humanos, convivían y se relacionaban víctimas del infierno de las paradojas, el azar y la casualidad. Es en este marco donde aparecía un pequeño lazo de comunicación entre ellos y la divinidad. Su nombre, en un comienzo lo rechaza debido a que es objeto de burlas, por parte de sus amigos, pero después lo acepta, pues en él existirían aspectos de su personalidad y carácter que lo vincularían con el científico inglés y marcaría también sus aspiraciones. Pérceval, desconoce su nombre, pero siente la misma fascinación por la orden de caballería como Bacon por la orden científica y todo lo que lo lleve a un conocimiento superior por medio de abstracciones matemáticas. En ambos se concentra un deseo por conocer y llevar a cabo sus aspiraciones envueltos en un misterio de Iniciación en el camino hacia la verdad. En un comienzo ambos (Pérceval y Bacon) se encuentran protegidos del mal, en su alma hay inocencia[2], deseo por alcanzar su ideal y culminar con una prueba que los llevaría hasta la solución del acertijo. Cuando comienza el camino de las pruebas poco a poco comprenden que cada decisión que tomen va a generar consecuencias. El hecho de no haber solucionado el juego estratégico entre Vivien y Elizabeth a Bacon le costó un cambio radical de vida, debió tomar otro camino, irse a Alemania. Pérceval en el palacio del Rey Pescador no pasó la prueba de preguntar ¿porqué sangra la lanza? y ¿a quién sirve el Grial?, lo que le significó seguir un camino más largo y con otras pruebas.
En una segunda instancia, el mundo de la Universidad o corte de los científicos es como la de aquellos antiguos caballeros alquimistas que intentaban descifrar los misterios o las leyes que regían el universo. Los científicos norteamericanos así como los alemanes tienen como principal preocupación el descifrar el misterio del Uranio, pero con distinto énfasis. En la obra la mayoría de los profesores aparecen preocupados por temas vinculados a los conjuntos, al infinito, al continuo, etc. Mientras que del lado alemán se cierra en una preocupación por conseguir la bomba.
El círculo del Uranio es el título de uno de los capítulos del libro en el que claramente se alude a la institución de un núcleo de científicos destinados a conseguir a como diera lugar la bomba atómica, se mencionan a diez personajes claves en estas investigaciones y que cumplirían con la aprobación no solo del Führer, sino que también de Klingsor, el enigma de la obra. Esto nos daría pistas sobre qué piedra filosofal se trata.
El descubrir el Grial o la Piedra Filosofal traería a la persona o a la nación un poder inimaginable y total sobre toda la humanidad. La bomba, en este caso, sería una búsqueda, pero respondería al interés del progreso, el honor y gloria de una nación determinada y que en ningún caso nos remitiría a una búsqueda de crecimiento y transformación espiritual, sino que de muerte y de destrucción. Es por esto que se expresa en la obra una correspondencia temática, de búsqueda de la humanidad, pero el contenido es distinto. Seguramente estaríamos a las puertas de una imagen del hombre moderno desacralizada o amoral. Un juego estratégico en que muchas veces se confunden los medios y los fines. La búsqueda por el Grial terminó y hoy en la modernidad es otra cosa lo que se persigue, como la lucha por el Poder hegemónico, armas de destrucción masiva, subyugación a costa de la propia humanidad (Auschwitz e Hiroshima). Es decir, es posible que nos encontremos ante una obra que si bien toma la Leyenda del Santo Grial que en su interior es posible encontrar distintos códigos de aproximación como: el código religioso, alquímico, cabalístico, etc. En la obra En Busca de Klingsor los códigos serían absolutamente distintos: poder, progreso y destrucción que son, sin duda, las palabras más representativas del mundo durante la Primera y Segunda Guerra mundial.
[1] Pársifal, Pérceval.
[2] Revisar página 162 en que Links considera a Bacon un niño.

En busca de Klingsor



La acción de los Polos Opuestos

Es algo suficientemente claro que la polaridad es una de las características más recurrentes de la naturaleza. En nuestro planeta están los polos Norte y Sur, polos positivo y negativo, también existe una cierta polaridad entre el sol y la luna y, como si esto fuera poco, la mayoría de las culturas centran como principal condición en la relación del hombre y la mujer su oposición, el ser polos opuestos. Esta suerte de ley de la naturaleza es un tema central en la obra de Jorge Volpi y es posible encontrarla en muchos ámbitos, ya sea, en el amoroso, político- estratégico, en la relación del bien y del mal, etc.

En primer lugar, la situación de conflicto amoroso entre Vivien (de piel negra) y Elizabeth (de piel blanca), que pugnan por conseguir a Bacon es muy significativa. El negro de Vivien llama la atención de Bacon, ella representa lo sensual, lo salvaje, lo que está fuera de lo tradicionalmente aceptado en su círculo o en la vida social y pública del científico, opuesta al ámbito privado de su dormitorio. Vivien despierta en él una serie de sensaciones que lo cautivan, por ejemplo, cuando la ve enredada en las sábanas blancas “Nada le gustaba más que el contraste entre la negra piel de Vivien y la palidez de la tela. Al recostarse a su lado adoraba profanar esa íntima armonía establecida en aquella silenciosa unión de los contrarios”[1]. Elizabeth, por otra parte, es la mujer más tradicional, de buena familia y más aceptada por su círculo social “Tarde o temprano esta situación doble tendría que terminar y su elección sólo podía ser una: Elizabeth. Nadie ni su madre ni sus amigos, ni siquiera sus profesores o sus condiscípulos, le perdonarían abandonar a la encantadora joven a quien consideraban, desde el inicio, como su futura esposa, y menos por culpa de una pobre trabajadora negra”[2].
Sin duda este es un juego de Ajedrez en que las piezas blancas y negras compiten por dejar en Jaque Mate al Rey (Bacon), cada una entra en un juego de seducción para conseguir la meta, pero el juego se desarticuló cuando el rey optó por no jugar. Bacon dejó las cosas, abandonó el juego, dejando sólo a perdedores, ambas Vivien y Elizabeth, perdieron la opción de ganar a F. Bacon.
En segundo lugar, la novela se circunscribe en uno de los períodos más significativos del siglo XX, entre la Primera y fines de la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1942 la pugna entre los Aliados y el Eje se mantenía casi en un punto muerto en que no existían condiciones para que la balanza se tendiera para uno u otro bando. Ambos bloques luchaban por imponer un poder hegemónico no sólo en la capacidad de armamentos o de tierras conquistadas, sino que también en el ámbito intelectual. Los científicos, así como los militares, se debatían en una guerra por alcanzar los mayores logros en el conocimiento.
Schrödinger le dice a Bacon: “¿Por qué piensa que los hombres participaron gustosos, en proyectos atómicos? ¿por nacionalismo? Eso era lo de menos, aunque tampoco hay que restarle importancia. ¡Lo hacían por orgullo! vanitas vanitatem, profesor Bacon. Los físicos tenían una guerra particular, ajena a la de los ejércitos”[3].
Lo opuesto entre la teoría y la práctica es una constante en la mayor parte de los enfrentamientos científicos. La ciencia alemana, defendida por Stark y Lenard, era la considerada nueva ciencia o la teoría cuántica, que estaba en contra de la ciencia judía en que se encontraban las teorías de Albert Einstein sobre la relatividad, de W. Hesenberg con la teoría de la mecánica matricial y de Schödinger con su teoría de la mecánica ondulatoria. En este punto la ciencia alemana defendía una postura de la física más pragmática o experimental, mientras que la llamada “ciencia judía” tenía un enfoque más teórico. En una entrevista que realiza Bacon a W. Heisenberg, este último consideró que a Stark, el científico nazi que había politizado su ciencia, le habían dado vuelta la espalda desde el mismo partido. Los nazis se cansaron de la palabrería de la Deutsche Physik y comprendieron que la verdadera ciencia era la otra. “La verdadera ciencia es una, profesor Bacon. A la larga, cualquiera se hubiese dado cuenta de que nosotros estábamos del lado correcto, no él”[4].
Pero, la pugna no sólo estaba entre lo teórico y lo práctico, sino que también entre el bien y el mal. W. Heisenberg en el primer encuentro que sostuvo con Bacon en el auto blindado al terminar la operación Alsos, le indica, haciendo un paralelo con la cerveza, que habían ciencias buenas y malas y que si la ciencia que se hacía el Alemania era mala o estaba al servicio del mal, él tenía la obligación de quedarse para mejorarla, sin una condición moral ulterior. Es por ese motivo que se niega a irse a trabajar a Estados Unidos, luego que Goudsmit se lo pidiera.
Es posible observar que en el arco de aquellos años la mayoría de las grandes construcciones teóricas y su puesta en práctica iban a la par con la destrucción. Pearl Harbour, Hiroshima, Nagasaki y Auschwitz. Se construye, se progresa y se va destruyendo.
En este punto las imágenes de un Caín y un Abel son iluminadoras en la Primera Ley del Movimiento Criminal que dice: “Todo crimen ha sido cometido por un criminal”[5]. Aquí aparece claramente uno de los polos más simbólicos de la humanidad el bien (Abel) y el mal (Caín). Dos hermanos que conviven pacíficamente se enfrentan a causa de una “injusticia divina”, Caín se siente menos querido a los ojos de Dios y comete el primer acto homicida de nuestra raza. Con el golpe que da a su hermano, aquel hombre perturba la humanidad entera, pero, así también genera a su alrededor una serie de reacciones que permiten, en primer lugar, una toma de consciencia del pecado hacia los demás hombres y, en segundo lugar, sin este acto fatídico la frase del Salvador no tendría sentido: “Amaos los unos a los otros”.
Es posible que en el juego del Buen Señor que hablaba Schrödinger en la cita inicial, los seres humanos deban averiguar las reglas ocultas sin considerar cuan destructivos sean los medios, pues todo estaría ya escrito. En este punto, los polos opuestos trascienden a un espacio distinto: lo divino y lo humano. Las leyes de la providencia y las leyes del hombre.
¿Cómo considerar que Hitler, Stalin, Judas y el ángel Caído son ejemplos del mal, si conscientemente estaban seguros de que los que hacían estaba bien? ¿No será, volviendo a la pregunta cartesiana, que el libro de Jorge Volpi nos revele cómo una y otra vez la Providencia engaña a los hombres de manera infantil, dejando pistas erradas a quienes buscan acceder a la verdad?.
Los polos opuestos serían uno de los elementos del libro más reveladores de las pugnas existentes entre las distintas situaciones a las que se ven enfrentados los personajes. Francis Bacon, Gustav Links y Klingsor.


“El físico inglés escribe[6]: “A cada acción corresponde una reacción igual y contraria: esto es las acciones recíprocas de dos cuerpos son siempre iguales entre sí y dirigidas hacia partes contrarias”(...) Con ella no sólo se describe el desplazamiento, sino todas las batallas que se llevan a cabo en el universo. Cada vez que un ser humano toma una decisión, se esfuerza en sobrepasar sus límites o intenta doblegar la voluntad de otro, sea para enamorarlo, convencerlo o asesinarlo, cumple con las leyes de la mecánica clásica”[7].



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Bibliografía
Volpi, Jorge. En Busca de Klingsor. Ed. Seix Barral, Barcelona 1999.
[1] Op. Cit. Página 65
[2] op. Cit. pág. 82- 3
[3] Op. Cit. Página 280
[4] op. Cit. Página 247
[5] op. Cit. Página 177
[6] Se refiere a sir Isaac Newton.
[7] Volpi, Jorge. En Busca de Klingsor Ed. Seix Barral, Barcelona 1999. Página 178